¿Qué necesitamos saber?
Los afectados por la enfermedad celíaca, la ingestión de alimentos con gluten provoca una respuesta inmunitaria que causa graves daños en el intestino delgado. El estado de inflamación de la mucosa genera una progresiva desaparición de las vellosidades intestinales y, como consecuencia, una reducida capacidad para absorber los nutrientes. El proceso degenerativo conduce a un estado de malnutrición unido a síntomas de diversa gravedad, pero se interrumpe si se evita el contacto con el gluten; en este caso, las alteraciones en el intestino, al igual que los síntomas, desaparecen completamente.
La intolerancia al gluten, es permanente y no puede ser eliminada; incluso dosis reducidas de gluten pueden ser perjudiciales para un celíaco. La causa de la enfermedad es un desorden genético en el sistema HLA (Antígeno de Leucocito Humano) sistema que identifica los antígenos extraños y activa la respues inmunitaria a agentes externos potencialmente perjudiciales. En las personas con predisposición genética a la celiaquía, el sistema HLA se activa en precencia del gluten, identificado como posible <<enemigo>> el proceso de digestión separa el complejo proteico del gluten en componenetes cada vez más pequeños: uno de estos componentes, el péptido 31-49, es atacado por el sistema inmunitario, que, mediante los <<linfocitos asesinos>> intenta destruirlo. La reacción de los linfocitos se desencadena, por tanto, contra las células de la pared intestinal, y las vellosidades agredidas son niveladas hasta desaparecer, dejando la superficie del intestino lisa y con incapacidad para absorber los principios nutritivos de los alimentos.
La enfermedad puede manifestarse a cualquier edad: en los niños aparecen los síntomas intestinales con el destete, cuando se introducen en la dieta los primeros alimentos con gluten. Se trata de la celiaquía clásica, fácilmente indentificable. En los adultos se pueden diagnosticar tres formas distintas de la enfermedad: atípica, silente y potencial.










